El ayer y hoy de nuestras torrenteras: Una lección de 1915
Las lluvias en Arequipa no son solo un fenómeno climático, son una constante en nuestra historia que pone a prueba nuestra resiliencia. Tras las fuertes precipitaciones y el ingreso de las torrenteras que vivimos apenas ayer, me encontré con este valioso recorte periodístico del 24 de febrero de 1915 en el Diario El Deber, que nos recuerda que la lucha por proteger nuestros barrios es centenaria.
La noticia de 1915: Solidaridad en Chullo
El recorte titulado "A trabajar en Chullo", nos narra cómo hace 111 años, 100 hombres de la infantería (de los batallones 5 y 13) marcharon hacia el pago de Chullo armados con palas y picas. Su misión: desenterrar el poblado que había quedado cubierto de tierra tras una "fuerte avenida" de la torrentera que atraviesa el lugar.
Es notable destacar la eficiencia de la época: en solo seis horas de "fatigosa labor", los soldados no solo limpiaron las callejuelas y el cauce, sino que levantaron un "sólido reparo" (una especie de muro de defensa).
Un milagro técnico y humano
Lo más impactante de la nota es el desenlace. Poco después de que la tropa regresara a sus cuarteles, una nueva "lloclla" (término quechua que seguimos usando con respeto) descendió con violencia. Sin embargo, gracias al trabajo preventivo y de limpieza recién hecho bajo la iniciativa del Subprefecto Arturo Noboa, las aguas siguieron su curso sin desbordarse. El vecindario se salvó de un nuevo siniestro.
Reflexión actual
Ayer, al ver nuevamente el agua correr con fuerza por nuestras calles y torrenteras, es inevitable pensar en aquellos hombres de 1915.
El Chullo, un sector tan tradicional de nuestra Arequipa, fue testigo de cómo la prevención y la acción rápida salvan vidas y hogares.
Como investigador y amante de nuestras tradiciones, compartir este documento no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un recordatorio para nuestras autoridades y vecinos: el mantenimiento de los cauces y la limpieza de nuestras "callejuelas" sigue siendo la clave para que la lloclla sea solo un espectáculo imponente y no una tragedia.
Nuestra blanca ciudad siempre ha sabido levantarse del barro. ¡Que la historia nos sirva de guía!




